viernes, 17 de diciembre de 2021

¿FUERON MUCHOS LOS NIÑOS INOCENTES QUE MATÓ HERODES?

    Uno de los pasajes más terribles del Nuevo Testamen­to es, sin duda, el relato que hace Mateo sobre la degollación de los niños de Belén. En Mt 2,1-18. Cuenta que, cuan­do nació Jesús, se presentaron en Jerusalén unos magos ve­nidos de Oriente. Le preguntaron al rey Herodes dónde había nacido el rey de los judíos. Herodes, que se consideraba el único rey de los judíos, pensó que alguien venía a quitarle su trono. Entonces envió a los magos hacia Belén, donde tenía que nacer el Mesías, con la recomendación de que una vez que lo encontraran se lo hicieran saber. Pero los magos, después de hallar a Jesús, decidieron regresar a su país por otro camino. Cuando Herodes se enteró, se enfureció y envió a sus soldados a matar a todos los niños menores de dos años de Belén, a fin de eliminar entre ellos a Jesús. Pero éste logró salvarse porque José y María huyeron a tiempo a Egipto, donde buscaron refugio.

     Comentaristas antiguos han calculado en 3.000 los "santos inocentes" muertos ese día. La iglesia griega sostie­ne que fueron 14.000. Los cristianos sirios los elevan a 64.000. Y algunos han llevado la cifra a 144.000, en referencia al Apocalipsis.

     Pero en realidad Belén era una pequeña aldea en tiempos de Jesús, y su población no llegaría a los 1.000 habitan­tes. Por lo tanto, los nacimientos no podían haber sido más de 30 por año. La mortalidad infantil de Oriente era muy elevada en esa época, es probable que solo la mitad de los recién nacidos llegaran a los dos años, quedando unos 15 niños. A estos 15 hay que restarle la mitad, corres­pondiente a las niñas, con lo cual nos quedan unos 7 niños sobre­vivientes por año. Como los bebés muertos tenían menos de dos años, las victimas debieron de haber sido unas 14.

     Pero ¿Ocurrió realmente la matanza de los niños inocentes? La dificultad para aceptar este hecho como histórico es que semejante matanza no figure en ningún otro documento de la época. Flavio Josefo, historiador del siglo I, dejó escrita la vida de Herodes; y de él conocemos todos los datos sobre el monarca. Curiosamente no menciona para nada el episo­dio de los niños de Belén. ¿Cómo es posible que Flavio Josefo, que sentía desprecio por Herodes, y que se esmeró en dejar escrito cada detalle de sus crímenes, incluso los privados y familiares, no se haya enterado de una cruenta matanza como la de Belén?

     Otra razón para desconfiar de la historicidad de estos hechos, es un sospechoso parecido entre los episodios de la infancia de Jesús, y la de Moisés. Si analizamos lo que el Éxodo cuenta sobre Moisés, y lo comparamos con lo que cuenta Mateo sobre Jesús, veremos que ambos relatos coinciden asombrosamente.

 1)   Al nacer Moisés, un rey (el faraón) da la orden de matar a todos los niños nacidos en Egipto. Al nacer Jesús, un rey (Herodes) da la orden de matar a todos los niños nacidos en Belén.

2)   La orden del rey egipcio se debió a la desobediencia de las parteras. La orden del rey judío se debió a la desobediencia de los reyes magos.

3)   Ejecutada la orden, Moisés salva su vida milagrosa­mente. Ejecutada la orden, Jesús salva su vida milagrosamente.

4)   Moisés se salva en Egipto. Jesús se salva en Egipto.

5)   Luego de un tiempo muere el rey egipcio persecutor. Luego de un tiempo muere el rey judío persecutor.

6)   Entonces Moisés recibe la orden de volver a Egipto, porque han muerto los que intentaban matarlo. Entonces san José recibe la orden de volver de Egipto, por­que han muerto los que intentaban matar al Niño.

7)   Moisés toma a su mujer y a sus hijos, y vuelve a Egipto. San José toma al Niño y a su madre, y vuelve a Israel.

     Los dos relatos son tan parecidos porque Mateo compuso su evangelio para cristianos de origen judío. Sabía que los judíos veneraban mucho a Moisés, ya que él había sido el salvador del pueblo y el media­dor de la Alianza con Dios. Ahora bien, Mateo no sabía detalles de la infancia de Jesús. Sí conocía los hechos de su vida pública, pero no los de su niñez. Entonces decidió contarla inspirándose en la infancia de Moisés. De esta manera, aprovechó para decir a sus lectores que Jesús era el nuevo Moisés que Dios había enviado a la tierra.

     Mateo, no pretendió contar un hecho exactamente sucedido durante la niñez de Jesús. Lo que qui­so fue explicar a los lectores que Jesucristo es el nuevo Moisés que los judíos estaban esperando para hacer una Nueva Alianza, y lo dijo a su manera, contan­do que cuando Jesús siendo niño, debió afrontar una trágica persecución y que logró salvar­se milagrosamente, igual que Moisés.

     Pero Mateo quiso también enseñar que en toda sociedad es posible encontrar hombres con ambición de poder, dominadores de las naciones, que no respetan a nadie, al punto tal de no dudar en eliminar a cuantos se interponen en su camino. Estos tiranos siempre quieren dominar, no soportan la idea de que haya alguien por encima de ellos. Pero, según Mateo, estos dominadores no se dan cuenta de que, despreciando a los hombres, están enfrentando al mismo Dios.

SEGÚN LA BIBLIA ¿EL SOL SE DETUVO EN GABAÓN?

    Cuenta la Biblia que Josué emprendió una batalla en la ciudad de Gabaón y que, gracias a una eficaz embestida, los israelitas lograron exterminar a un gran número de adversarios. Combatieron durante todo el día; y la victoria de Israel ya casi estaba llegando a su fin, cuando el sol de la tarde empezó a ocultarse por el oeste. Josué comprendió que, si la oscuridad caía sobre el campo de batalla, los enemigos sobrevivientes podrían ocultarse fácilmente en las grutas de las montañas y escapar, con lo cual su victoria no sería completa. ¿Qué podía hacer?

     Josué con los brazos extendidos oró a Yahvé para que el sol se detuviera en el cielo y la luna no apareciera en el horizonte. Así el ejército de Israel tuvo luz natural durante todo el tiempo que duró la batalla y derrotó completamente a los cananeos.

     Pero ¿qué pasó realmente en Gabaón? ¿Pudo haberse detenido el sol? Existen cuatro teorías propuestas por los biblistas para explicar este episodio:

- La primera, teoría dice que el sol se detuvo realmente en el cielo gracias a una intervención especial de Dios, y allí permaneció un día entero iluminando la batalla, por lo cual aquel día duró mucho más de 24 horas. Esto hoy resulta insostenible, porque sabemos que el sol no se puede detener porque no gira si no es la tierra la que lo hace alrededor del mismo y si el planeta detuviera por un instante su andar, se produciría un cataclismo tremendo, sin mencionar que semejante hecho (el sol durando tantas horas) tendría que haber sido registrado por todos los otros pueblos que en aquel momento eran iluminados por ese mismo sol. Y ninguno ha conservado jamás el registro de semejante fenómeno.

- La segunda teoría sostiene que la oración de Josué para detener el sol es un simple poema que emplea el autor, pidiendo al sol y a la luna que se paren para contemplar el maravilloso éxito que estaba teniendo el general israelita en la batalla. Pero no significa que se hubiera detenido realmente, no sucedió nada extraño.

- La tercera teoría afirma que el relato sólo pretende reflejar el impacto psicológico de lentitud que los hebreos sintieron durante la batalla. O sea que ese día estuvo tan lleno de acontecimientos, y el triunfo fue tan costoso, que el día parecía interminable. En circunstancias así (también nosotros decimos), “el tiempo se hace eterno.”

    Pero debemos rechazar esta hipótesis también porque, al igual que la segunda, niega que sucediera "algo" ese día.

 - La teoría más probable y consensuada, es que Josué con su ejército, después de marchar toda la noche, atacó de sorpresa sobre durante la madrugada, y el ejército cananeo se desbandó y emprendió la retirada. El ejército israelita lo alcanza, en medio de una tormenta de granizo (Jos 10,11). La tormenta cesó, y el sol comenzaba aparecer entre las nubes que ya se iban abriendo. Entonces Josué rezó para que el sol no saliera en Gabaón, es decir, para que el día continuara nublado, a fin de evitar el fuerte calor del día y hacer que sus hombres pudieran combatir mejor con el fresco de la jornada.

     Como recuerdo, se elaboró un poema con las palabras de Josué, que decía: "Detente, oh sol, en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ayalón". Este fue más tarde recogido en una colección de poemas titulada El libro del Justo. Este libro, no contenía los detalles de la batalla sino sólo el poema, por lo que con el paso del tiempo se olvidó el contexto en el que había surgido. Y cuando seiscientos años después se escribió el libro de Josué, se pensó que lo que Josué pedía era que el sol se detuviera en el cielo y siguiera brillando, cuando en realidad lo que pedía era que no saliera.

     Como el autor del libro entendió, erróneamente, que ese día el sol se detuvo, agregó "Y el sol se paró en medio del cielo y dejó de correr un día entero hacia su ocaso. Y no hubo día semejante ni antes ni después" (Jos 10, 13-14).

     El sol de Gabaón sigue brillando para nosotros hasta el día de hoy, como queriéndonos recordar los inconvenientes de una lectura literal de la Biblia puede ocasionar. Por eso para los que aún hoy, continúan buscando en la Biblia fórmulas científicas secretas, revelaciones misteriosas y profecías cifradas, conviene recordar la lúcida frase pronunciada por Galileo Galilei "No busquen astronomía en la Biblia. Porque ella no pretende decirnos cómo marchan los cielos, sino cómo marchamos nosotros hacia el cielo".

¿FUE JESÚS DESOBEDIENTE A LOS 12 AÑOS?

    El evangelio de San Lucas (2, 41-52) relata un extraño episodio que le sucedió a Jesús cuando apenas tenía 12 años. Este relato, que es el único recuerdo que se ha conservado de la adolescencia de Jesús, tiene una gran importancia en el Evangelio de Lucas, por dos razones. Primero, porque contiene las primeras palabras pronunciadas por Jesús. Y segundo, porque esas palabras de Jesús no son sobre ningún tema, sino que se refieren a su propia persona; y afirman que él es el Hijo de Dios, obediente a la voluntad de su Padre que está en el cielo. En este episodio, resulta increíble que el niño Jesús haya decidido quedarse solo en Jerusalén, sin decir nada a sus padres, sabiendo que les ocasionaba una gran angustia.

     ¿Por qué no se lo advirtió? ¿Es posible un comportamiento tan irresponsable en un niño tan inteligente? ¿Cómo pudieron José y María emprender el viaje de regreso de Jerusalén a Nazaret  sin asegurarse de que su hijo, de apenas 12 años, estuviera en la caravana? ¿Es posible que sus padres caminaran todo un día sin darse cuenta de que faltaba Jesús? Todas estas y más incoherencias del relato se aclaran cuando nos enteramos de cómo surgió el episodio y por qué san Lucas lo incluyó en su obra.

     Hay consenso entre la mayoría de los Biblistas, en que cuando Lucas terminó de escribir la infancia de Jesús (la anunciación del ángel, la visita de María a Isabel, la presentación del niño recién nacido en el Templo), y había escrito la conclusión ("Y el niño crecía, y se fortalecía, llenándose de sabiduría, y la gracia de Dios estaba sobre él", Lc 2, 40), seguramente llegó a sus manos un relato que él no conocía: el de Jesús adolescente perdido en el Templo a los 12 años de otra comunidad distinta a la suya.

     A Lucas le pareció interesante. Y, con algunos retoques propios, lo agregó a continuación de la infancia que había escrito. Pero al añadirlo, la frase que había puesto como "final" quedaba ahora desubicada. Entonces volvió a ponerla otra vez más adelante, en Lc 2, 52 ("Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia, ante Dios y ante los hombres"). Esta es la explicación de por qué en Lucas aparece dos veces esta misma frase. También, explica la reacción incoherente que demuestra María en el relato del niño perdido en el Templo.

     En la primera parte de la infancia Lucas había dicho que María, desde el momento de la anunciación, ya sabía claramente que Jesús era Hijo de Dios. Y da a entender que san José también lo sabía, porque no parece haber habido ningún problema entre ellos cuando nació el niño. Pero cuando más tarde Jesús se pierde a los 12 años, Lucas dice que "ellos no comprendieron" a Jesús. Evidentemente, Lucas mezcló dos tradiciones distintas sobre María, procedentes de dos comunidades diversas. En una, ella sabe todo porque el ángel Gabriel se lo explicó en la anunciación. En la otra, María no sabe nada, y reacciona como una madre normal ante las palabras o acciones desconcertantes de su hijo.

     Por último: Lucas no pretende contar un hecho estrictamente histórico ocurrido durante la adolescencia de Jesús, sino simplemente enseñar que él era Hijo de Dios desde su mismo nacimiento, y no a partir de su bautismo. Por eso, la clave para entender todo el episodio está en el v.49, en la respuesta que el niño les da a José y María, diciéndoles que Dios es su Padre, y que por tanto él debe encargarse de sus asuntos. Esto significa "perdiendo" la vida en Jerusalén. El relato lo muestra ahora "perdiéndose" en Jerusalén, como un adelanto de lo que le sucederá después en su pasión y muerte.

     María no entendió lo que su Hijo decía. Después lo entenderá. Pero nosotros sí lo entendemos bien. Tenemos el mismo Padre, y por lo tanto los mismos asuntos y urgencias que Jesús, y que no siempre pueden esperar hasta mañana. Sin embargo, poco nos ocupamos de las cosas de Dios: del amor, del respeto, de la caridad, de la solidaridad, del perdón. Todo lo dejamos para mañana. Hay demasiados mañanas en nuestra vida. Para que la salvación sea efectiva debemos empezar a ocuparnos ya de las cosas de Dios. Fue la gran enseñanza que nos dejó Jesús, cuando apenas tenía 12 años.