jueves, 11 de diciembre de 2025

¿MOISÉS ESCRIBIÓ SOBRE CÓMO SERÍA SU PROPIA MUERTE?

Durante siglos, la cuestión de cómo Moisés, autor de los cinco primeros libros bíblicos, relató su propia muerte en el capítulo 34 del Deuteronomio ha intrigado a los lectores de la Biblia. La narrativa plantea interrogantes sobre cómo Moisés pudo conocer con detalle el día, lugar y hora de su fallecimiento, así como anticipar el duelo que los israelitas llevarían a cabo en su honor y los pormenores de su sepultura.

Conforme a la teoría de Wellhausen, el Pentateuco no fue obra de Moisés, como se creía anteriormente; más bien, creía que el Pentateuco era el resultado de la compilación de cuatro documentos independientes: el Yahvista, el Elohista, el Deuteronomista y el Sacerdotal. Estos documentos, en principio autónomos, se fusionaron con el tiempo para dar lugar al texto unificado que conocemos hoy.

La "teoría de los cuatro documentos" de Wellhausen marcó un cambio sustancial en la percepción académica del origen del Pentateuco, cuestionando las creencias arraigadas sobre la autoría de Moisés y resaltando la complejidad y evolución histórica de estos textos sagrados.

El escrito más antiguo dentro del Pentateuco es el Yahvista, redactado en Jerusalén alrededor del año 950 a.C., durante el reinado del rey Salomón. Su autor aborda una narrativa completa que se inicia con la historia de Adán y Eva en Génesis 2, abarcando relatos sobre la vida en el Paraíso, el pecado original, el trágico relato de Caín, el diluvio universal, y la construcción de la Torre de Babel. Además, narra la vida de personajes clave como Abraham, Isaac, Jacob y José en Egipto. Se extiende hasta eventos significativos como la opresión egipcia, el nacimiento y la vocación de Moisés, las plagas de Egipto, algunos episodios de los eventos en el Sinaí y la llegada de los israelitas a las puertas de la tierra prometida, como se menciona en Números 25.

Los relatos yahvistas en el Pentateuco se caracterizan por su estilo primitivo, repleto de colorido y atrevidos antropomorfismos. Estas narrativas presentan a Dios de manera cercana y casi "humana", describiéndolo como alfarero, jardinero, cirujano, sastre, huésped de Abraham y un interlocutor familiar de Moisés. Este enfoque antropomórfico retrata a Dios inmerso en la historia de los hombres, dotando a la divinidad de una mayor accesibilidad.

En torno al año 750 a.C., un autor anónimo del reino del norte compuso el documento conocido como Elohista, el cual recopila las tradiciones propias del norte. Este relato, más breve que el Yahvista, comienza directamente con Abraham (Gn 15). La singularidad del Elohista en el Pentateuco radica en su representación de Dios, que difiere del Yahvista al evitar atribuirle características tan "humanas". En lugar de mostrar a Dios interactuando cara a cara con los hombres, el Elohista describe encuentros divinos desde el cielo, una nube, el fuego, mediante ángeles o en sueños.

En el año 622 a.C., durante trabajos de reparación en el Templo de Jerusalén, se descubrió un código legal desconocido para los judíos. Para resaltar estas leyes y asegurar su cumplimiento, los escribas del rey Josías elaboraron una narrativa ficticia. Según esta historia, Moisés, al borde de la muerte, entregó a los judíos estas nuevas leyes para su observancia. Este episodio marcó la creación del tercer documento, conocido como Deuteronomista, que significa "segundas leyes".

Cien años después, durante el cautiverio de los israelitas en Babilonia, los sacerdotes optaron por redactar una nueva narrativa sobre el pueblo de Israel, siguiendo el modelo establecido por el Yahvista y el Elohista; y nace el documento Sacerdotal. La singularidad de esta obra radicaba en la incorporación de leyes litúrgicas, rituales y celebraciones a lo largo del relato. El propósito era asegurar que, incluso en tierras extranjeras, el pueblo no olvidara cumplir con estas prácticas.

Cuando los judíos retornaron del destierro, se enfrentaron a cuatro relatos distintos de su pasado histórico. Para preservar todas las tradiciones, un compilador anónimo, alrededor del 450 a.C., fusionó estos relatos en uno solo, dando origen al Pentateuco. La fusión se llevó a cabo de manera semita, yuxtaponiendo, pegando y cortando los relatos sin una armonización exhaustiva, incluso permitiendo duplicados. Este método resultó con ciertas incoherencias, repeticiones y contradicciones en la narrativa al analizarla detenidamente. A pesar de estas peculiaridades, el Pentateuco alcanzó un gran éxito, llevando al olvido los cuatro documentos originales y el nombre del compilador. Posteriormente, la obra fue atribuida a Moisés.

En conclusión, aunque la "Teoría de los Cuatro Documentos" ha experimentado transformaciones y ajustes, la perspicaz intuición de Wellhausen perdura: el Pentateuco, expresando el espíritu de Moisés, fue redactado por varias generaciones de teólogos, historiadores, catequistas, juristas, sacerdotes y liturgistas. Todos ellos se cree que fueron inspirados por Dios para contribuir a la composición de esta monumental epopeya sagrada, ofreciendo una mirada perspicaz y académicamente fundamentada sobre la formación del Pentateuco. Al desafiar las creencias arraigadas y ofrecer una visión más matizada de la autoría y composición, esta teoría invita a una apreciación más profunda de la riqueza teológica y literaria de estos escritos sagrados. La colaboración de diversos autores a lo largo de los siglos, bajo la inspiración divina, da forma a un relato complejo que sigue resonando en el ámbito académico y espiritual.

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